sábado, 6 de diciembre de 2008

Mármol...

Compartir una pasión secreta se había vuelto costumbre, el no saber qué pasaría al segundo siguiente conservaba con vida la magia de ese juego. Al roce de sus labios, una a una las cadenas morales que habitaban en su mente cedían. Era posible sentir cómo palabra a palabra la vida seguía. Los sentimientos se extinguieron como si fuesen regados por un torrencial aguacero…

Era momento de terminar.

10/10/1990

Inhalo, exhalo. Mis manos no encuentran la forma exacta que les permita calmar su angustia. En qué momento comencé a ser tuya… no recuerdo el instante en que dejé mi ser en ti. El sencillo tacto de tus dedos sobre mi piel, el aroma expedido por cada poro… Mahler, encuadrando el momento, desvanece cualquier nervio. Guardo silencio y tú continúas. Has venido a robarme cada una de mis inquietudes, como el ladrón de sueños en que te convertiste desde el día en que nos conocimos. Hoy, el reflejo de mi alma se mantiene vivo en el susurro de una lágrima. No entiendo… Razones van y vienen, y el frío que embarga cada uno de los minutos comienza a reinar en el lugar.

Como si fuesen fotografías, cada uno de los instantes que hemos pasado juntos llegan para contarme otra vez una historia que ha quedado marcada en el aire. Una llamada tuya bastó para que las fantasías se esfumaran.

–Hoy no podré ir –dijiste, sin importar la mortal espera y sin preocuparte qué tenía yo que decir. Colgaste. Una a una las mentiras cayeron, no eras el ser que vendría a salvarme de un infierno, sino simplemente… un alma mortal… Tan débil y mortal como la mía.

Se nota que ha llorado, en las habitaciones de la vieja casona el sonido del silencio es impactante. Deja el escritorio y observa uno a uno los cuadros colgados en las paredes, fantasmas de un pasado en el cual creyó ser feliz. La familia, ese reducto de sociedad sobre la que se yerguen los cimentos que han de mostrarse como el sendero del ser humano. Dirige cada uno de sus movimientos a la hoja de papel que se encuentra prisionera entre sus pensamientos y sus manos.

Sus músculos se niegan a acatar la orden que el cerebro da.

–Debo dejarlo, permitir que se vaya –se repite como si un látigo penetrara su ser al compás de las agujas del reloj.

No deja de verla. Es como el último suspiro de una pasión añejada por los años… Ahora todo ese mundo debía ser dejado a un lado, debía regresar a sus piedras, cincel, el frío del yeso recorriendo cada parte de su cuerpo, cambiar el calor de un abrazo por los espectros que se esconden en el mármol.

–Hablar sobre el libro abre heridas de antaño –.

Sigilosamente saca el pedazo de papel con el que jugaba al principio de nuestro encuentro.

–Es su última carta –nos aclara–, en ella me pide que lo perdone por todo lo que me ha hecho sufrir, me agradece haberlo amado cuando él lo necesitaba y me pide que sea su amiga –ríe y recuerda que fue el ama de llaves quien se la entregó. Al mirar la carta en sus manos, menciona que ésta fue portadora de una noticia que la desplomó: se casaba con la mujer que lo alejó de ella y decide no molestarlo más.

Y regresa religiosamente a sus piedras, adopta el cincel como su fiel consejero, sólo él sabrá qué esconde su alma: he de recordarlo con lujuria, piensa mientras esboza una sonrisa de medio lado. A partir de mis sueños se mantendrá vivo… intacto… en mí, el acto de tomarme en exceso, de mancillar la inocencia que antaño perdió. No puede oponerse a la vida, el hecho de tomarme… Sólo fue una condena, una recompensa para el culpable…

¿Dónde están mis sueños?

Los he dejado a un lado…

1 comentario:

Rwddael Inquisidor IX legion dijo...

Así que esta fue la obra que te valió galardones...

Pues a pesar de ser un tanto arromántico, siempre he sido empático con le dolor y la pérdida, después de todo ¿qué es la vida sin dolor?

Muy lindo cuento, se lo recomendaré a mis cuates los bloggeros :)